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Santa Claus ha dejado algo por aquí…

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Buenos días, amores!

¿Qué tal estáis? Espero que Santa se haya portado muy, muy bien y haya dejado en vuestras casas los regalos que hayáis pedido.

Por si os ha sabido a poco lo que tenéis, aquí os dejo algo que creo que puede gustaros mucho, y es que nos quedan menos de dos semanas para conocer a Diego y Julieta, las ganas nos pueden, los motores están más que calientes y en el ambiente ya huele a ellos, ¿no creéis? Y si encima os dejo por aquí el prólogo de la novela…

Sí, sí, no me he vuelto loca ni me he equivocado. Os voy a dejar aquí a modo de felicitación navideña el prólogo de mi nueva novela y espero que os guste tanto que sintáis ansias por llegar al seis de enero y leer el resto.

¡Ahí va!

PRÓLOGO

—¡Te juro por Benny que si no sales lo rajo de arriba abajo! ¡Lo rajo Julieta! No puedes hacerme esto y quedarte tan pancha.

Los golpes en la puerta del diminuto baño truenan de nuevo, pero no pienso abrir. Puede que tenga siete años pero no soy estúpida y sé que Alex liberará a Benny, mi osito de peluche de cuando era una niña pequeña, pero me rajará a mí.

Bueno, vale, quizá eso es un poco exagerado, pero cuando se trata de mi hermano Alejandro procuro quitarme del medio inmediatamente después de hacer algo que, de antemano, sé que lo pondrá furioso.

—¡Sé que estás ahí! Igual que Amelia y Esmeralda. Os voy a matar, os lo juro. Romperé vuestro cuello y lo retorceré hasta que os desangréis.

—¡Si rompes nuestro cuello no podemos desangrarnos, estúpido! ¡Para eso tendrías que rajarnos la garganta!

Hago una mueca y miro mal a mi hermana Esmeralda, que se limita a encogerse de hombros, como si no hubiese podido callarse esa corrección que solo ha ayudado a poner a Alex más furioso, seguro, y de paso a dejarle claro que nos hemos escondido las tres juntas. El silencio de escasos segundos que se hace no me ayuda a calmarme, porque sé que mi hermano no se ha ido. ¡Él no es de cansarse pronto de sus venganzas!

—No deberíamos haberle cogido los cromos sin permiso. Somos chicas muertas. —Amelia hace temblar su labio con dramatismo—. Pobre papá, que se va a quedar solo con ese tonto de Alex.

Pongo los ojos en blanco. ¡Seguro que ahora se pone a llorar! Amelia es de llorar incluso antes de que las cosas ocurran. Papá dice que no podemos meternos con ella por ser tan sensible, pero es que es una llorona, la verdad.

415b55dee39cf97936384e337cf05698Miramos con horror cómo Alex mete los pelos del osito Benny por debajo de la puerta. ¡Lo está despellejando! Es un monstruo.

—¿Vais a salir o no? Prometo no torturaros mucho. A lo mejor hasta os dejo vivir.

—Es un tonto del culo —dice Esmeralda enfadada.

—Igual deberíamos rendirnos. —Amelia parece resignada a morir en esta tarde tan calurosa.

—Solo tenemos que ser más listas que él. —Pongo un dedo bajo mi barbilla para hacerles ver que estoy pensando en un plan—. ¡Tenemos que salir todas a la vez y así aplastarlo!

—Como si fuera una asquerosa cucaracha. —Esmeralda disfruta solo de imaginarlo.

—Yo no sé… —duda Amelia.

Suspiro y pienso que si mis hermanas fueran más pequeñas que yo no tendríamos este problema, porque tendrían que obedecerme sí o sí, como la hermana pequeña de mi amiga María, que solo tiene tres años y la sigue a todas partes. Mis hermanas tienen siete años, como yo y como Alex. Somos cuatrillizos y ahora ya sé decir la palabra sin liarme. La gente dice que somos especiales, porque mamá se convirtió en un ángel para que viniéramos al mundo, pero la verdad es que Esmeralda dice que mamá está muerta y de ángel no tiene nada, porque no existen, como Papá Noel, que tampoco existe. Amelia lloró mucho cuando se enteró de lo de Papá Noel; con lo de mamá menos, pero puso cara de pena para que papá no se sintiera mal porque, aunque a nosotras no nos dé pena porque no la conocimos, sabemos que a él sí se la da porque ella no está con nosotros. Sobre todo cuando nos portamos mal. O sea, la mayoría de los días.

—Si salís ahora, prometo no daros más que un pellizquito a cada una. ¡Un pellizquito de nada!

Fruncimos el ceño a la vez, porque a nosotras no nos parece que un pellizquito de Alejandro pueda considerarse «de nada». Duelen mucho y dejan marca. Menos mal que Esmeralda muerde como nadie.

—A la de tres, abrimos la puerta y corremos rápido—digo resuelta.

—¿Y a dónde vamos? —pregunta Amelia alarmada.

—A vivir —contesto muy digna.

Nos ponemos de pie, porque la frase me ha quedado muy bonita y yo sé que ninguna va a decirme nada y abrimos la puerta corriendo y gritando como las locas mientras Alejandro pone cara de sorpresa. En realidad, me aburre un poco que se siga sorprendiendo cuando atacamos juntas. A veces Alejandro me da pena porque está solo. No solo como papá, pero sí solo como único niño de la casa. Más tarde, cuando nos tortura, rompe las muñecas o se mete con nuestra ropa la pena se me olvida.

Corremos hacia la calle mientras nuestro hermano nos sigue. Llegamos al final y giramos a toda velocidad cada una hacia un lado intentando despistarlo, pero esta vez es listo y elige seguirme a mí sin vacilar58ac4fd8-313b-464d-a554-eac0c3a9d726, así que lo tengo muy cerca porque es más rápido que yo. Debería haber hecho caso a Esmeralda y quitarme las botas de agua de una vez para ponerme zapatillas, pero son tan bonitas que me da penita guardarlas, porque sé que el invierno que viene mis pies habrán crecido y ya no podré ponérmelas, ni encontraré unas botas de agua tan bonitas como estas que tienen rayas de todos los colores, como si fueran un arcoíris.

Oigo a Alejandro gritar y lo siento cerca, muy cerca. A pesar de que estoy asustada me siento bien, porque respiro fuerte, corro más rápido y los oídos me rugen con fuerza. Papá me explicó una vez que esto que siento se llama adrenalina, pero para mí, esto es simplemente felicidad.

Y hasta aquí os puedo contar. Espero que lo hayáis disfrutado muchísimo, porque no sabéis la ilusión con la que cuelgo esto. Aquí empieza el camino de cuatro hermanos, pero sobre todo, el camino de Julieta, quien espero que, con su historia, consiga robaros un poquito el corazón.

Si queréis reservar la novela podéis hacerlo pinchando aquí y el cinco de enero a las doce de la noche se descargará automáticamente en vuestros dispositivos. Si la queréis en papel es probable que pueda estar para la misma fecha o poquísimos días después en ese mismo link. Y si la queréis en papel y firmada, contactad conmigo en cualquiera de mis redes sociales y os explico cómo va 🙂

Nota: No perdáis de vista el blog, porque esta semana estará llena de sorpresas y algún que otro regalito!

Feliz Navidad, Cerecitas!

Cherry Chic

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9 comentarios sobre “Santa Claus ha dejado algo por aquí…

  1. Me ha encantado el libro. Me he enamorado no solo de Julieta y Diego, sino de todos los personajes. Me has echo reir con las locuras de julia. Eperando ansiosa saber de los demas.
    Gracias por este gran libro!!!

    Me gusta

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